domingo, septiembre 29, 2013

Casas de reclusión eclesiástica (IV)



















Había dicho en posts anteriores que esas casas de reclusión, servirían no sólo para pederastas. Pensemos en el caso de un sacerdote alcohólico. Éste tiene que ser acompañado, tiene que vivir un tiempo en un lugar sin tentaciones, hasta fortalecerse.

Cierto que la diferencia entre un sacerdote alcohólico y uno pederasta es abismal. No tiene nada que ver una cosa con la otra. El primero ha podido caer en ello por la soledad, por la tristeza.

El sacerdote alcohólico es una víctima. Pero además de decirle palabras de aliento, hay que ayudarle. Este tipo de casas serían perfectas. Residiendo en ellas durante un mes, durante algunos meses, lo que se vea que haga falta.
El sacerdote alcohólico puede ser un verdadero apóstol, un hombre de Dios, incluso un hombre de oración. Son víctimas sufrientes, no individuos malvados. Los clérigos alcohólicos podrían ayudar muchísimo a los sacerdotes pederastas, que siempre son individuos pervertidos. En esas casas la simbiosis entre alcohólicos y pederastas podría ser algo fantástico. Todo un experimento de misericordia.

Sin duda, entre los pederastas habría verdaderas conversiones. Esos sacerdotes convertidos podrían recibir a personas que quisieran que les explicaran el por qué de sus terribles acciones. Hay víctimas, familiares y personas en general, que se preguntan el por qué. Es como si hubiera una necesidad de respuestas a sus preguntas. Esos encuentros, personales o en grupos, realizarían una labor de sanación.

Por supuesto que será dificil que la victima encuentre allí mismo a su agresor. Pero, al menos, el sacerdote converso podrá pedirle perdón en nombre de la Iglesia. Esos encuentros realizados de forma usual, serían un modo de pedir perdón. Y esto de un modo personalizado, sentido, con humillación.

La gente podría ir a la iglesia cada día y oir como detrás del muro que divide el coro y la nave, están los sacerdotes rezando las horas canónicas. La presencia penitente de esos clérigos en ese lugar sería todo un símbolo para la entera Iglesia.

Además, en el desconocimiento que de este tema tienen algunos de mis lectores (algo lógico), no saben que un cierto tanto por cierto de los clérigos pedófilos se rehabilitan. No es muy alto ese porcentaje. Pero existe. Démonos cuenta, para empezar, que un cierto número de los condenados a lo largo de toda una vida nunca han ido más allá del delito de las imágenes pedófilas. La rehabilitación en ciertos casos no ofrece duda razonable. 

No digo que estos sacerdotes rehabilitados tengan que ir a una parroquia. Pero sí que pueden encargarse de atender una residencia de ancianos, un convento, encargarse de archivos diocesanos, de las nulidades matrimoniales, etc, etc. Los sacerdotes de la diócesis sabedores de la situación de su compañero, pueden recibir un aviso para que un determinado sacerdote no ayude en ninguna parroquia, pero para que rehabilitado pueda vivir hasta el final de sus días en su vocación primera reencontrada.

Pero para saber si alguien está rehabilitado se necesitan esas casas y años de convivencia. En una cárcel no es posible tal cosa.

Al escribir estos posts, he casi pasado por alto el ir citando casos concretos, algunos de naturaleza pública. Pero precisamente porque conozco esos casos, es decir, porque conozco la terrible realidad de la que hablo, es por lo que digo que ese tipo de casas serían de una gran utilidad. Pero no casas secretas, sino casas que se puedan visitar por la gente normal y donde los mismos hijos pródigos puedan sanar las heridas que realizaron. Casas donde la gente pueda escuchar (no ver) como rezan, donde puedan hablar en privado con ellos, orar con ellos, pasar un tiempo de retiro espiritual por unos días.

Esas casas realizarían una función de perdón para toda la Iglesia. De perdón de los agresores a las víctimas. Y de otorgación del perdón de las víctimas ante un agresor que habla en nombre, que personifica, que simboliza a todos los agresores.

sábado, septiembre 28, 2013

Casas de reclusión eclesiástica (III)


Hoy hemos tenido ordenaciones en la diócesis. Yo, al llegar al claustro de la catedral, me he encontrado con un sacerdote sensato de buen juicio, que me ha dicho que no le habían parecido bien los dos posts sobre la reclusión eclesiástica que había escrito. Sus palabras me han animado a escribir algunas explicaciones a esos dos posts anteriores.

Lo primero de todo que hay que tener en cuenta, es que he escrito esos posts desde el realismo, no desde la imaginación. Mi conocimiento de sacerdotes con esos delitos es bastante superior al de los sacerdotes normales.

Por eso puedo asegurar que la estadística de acuerdos extrajudiciales es mucho mayor de lo que la gente se cree. Por ejemplo, en Estados Unidos, incluso la mayor parte de los casos en los que el proceso se comienza de modo judicial, suele acabar en un acuerdo extrajudicial. En Belgica son muchas las personas que se acogieron al mecanismo de denuncia extrajudicial que puso en marcha la Conferencia Episcopal. Podían haber ido a los tribunales, pero escogieron el otro sistema. Un juicio público, desgraciamente, es muy duro para la víctima. Todo lo que podamos hacer para ahorrar más sufrimiento, bienvenido sea. Después está el tanto por ciento tan grande que se llevan los abogados de la parte indemnizada. Suele ser el treinta por ciento.

Otro aspecto que sorprendería a aquellos que tan duramente han juzgado mis posts, es saber que las condenas no son tan grandes como la gente piensa. He estado revisando todas las condenas en España, y la condena más larga de un sacerdote ha sido de veintiún años. Pero muchas otras han sido de un año o dos. A eso hay que sumarle la reducción de dos días por uno en prisión.
La idea rabiosa que tienen algunos cuando claman que se pudra en prisión, es una fantasía, que no se aplica ni a los terroristas.

La ventaja de la propuesta que hice, es que el pederasta que durante el tiempo de reclusión se vea que por su psicología sigue siendo un peligro, podría seguirse quedando en esa casa de reclusión, vigilado y atendido por personas especializadas. La razón para quedarse en esas casas, en no pocos casos, serían económicas. Como he dicho, muchos al acabar la condena se encontrarían que no tienen sueldo, ni domicilio donde vivir, ni perspectivas de encontrar otro trabajo. Esas casas no sólo serían un modo de ofrecerles un fin de vida humano a esas personas, sino también un modo para proteger a posibles futuras víctimas.

Porque es en esas casas es donde se vería si alguien está de verdad rehabilitado o no. En una prisión sería mucho más difícil saber eso. Y recordemos que el índice de reincidencia es muy grande en no pocos sujetos una vez que salen de la cárcel.

Pero algunos de los lectores de este blog prefieren soltar en la sociedad a personas no rehabilitadas (la cárcel no precisamente el mejor lugar para ello) con el agravante de una situación personal de desesperación. Todo un cóctel explosivo.

Algunos lectores decían que lo que propongo es un privilegio. Para ellos rehabilitar a alguien y tenerlo vigilado es un privilegio. Pero parece que no es un privilegio soltarlo en la sociedad y desesperado.
No pocos me han dicho que un sistema como el que propongo es ilegal. Se equivocan enteramente. Un acuerdo entre la familia de la víctima, el culpable, bajo el arbitraje justo y ecuánime de un tribunal eclesiástico, es perfectamente legal. De hecho, en este universo pocas cosas se me ocurren que sean más legales que ésta.

Otros decían que esto era totalmente imaginario. Ya he dicho que son muchos los casos de acuerdos extrajudiciales. Y en Bélgica son muchísimos los que se han acogido al camino que he mencionado habilitado por la Conferencia Episcopal.

La idea que yo propuse, la estuve madurando durante años. No es una sugerencia que se me hubiera ocurrido aquella noche después de la cena. Si la Iglesia la realizase, habría incluso laicos que pedirían ingresar en esas casas durante algún tiempo, para prevenir. Es decir, para liberarse de esas cadenas antes de caer en el delito.


Frente a mi idea que protege más a las víctimas y satisface plenamente la Justicia, está la rabia de los que gritan que se pudran en la cárcel, que no tengan privilegios, y cosas por el estilo.

Pero si pierdo tiempo en redactar posts, es para la gente inteligente que me lee. Aunque sean pocos. No escribo para trolls.

Cosas que fácilmente te puedes encontrar en el campo si no llevas insecticida




















Hoy al regresar a Alcalá de celebrar misa en Cobeña, me he equivocado de carretera, yéndome hacia Ajalvir. Al percatarme, como no había cuneta en esa carretera tan estrecha, me he metido en un camino marcha atrás con la intencíon de cambiar de sentido.

Pero he calculado mal y una rueda se ha salido de la entrada del camino. He descendido del coche y he visto, con preocupación, que una rueda había quedado al aire en un socavón muy grande del que no me había dado cuenta que estaba allí. Di gracias a Dios, porque si al principio llego a ir hacia atrás diez centímetros más, mi coche hubiera volcado. Así de grande era aquel agujero, que no sé qué hacía allí en el campo. Aquello se suponía que era un trigal segado o algo así. Pero no, allí había un agujero. Y bien grande.
El asunto era peligroso. Si quitaba el freno de mano y una de las ruedas delanteras no pisaba bien el firme, corría riesgo de irme hacia atrás del todo.

Estaba en mitad del campo. Pero andando me he dirigido hacia un coche de la Guardia Civil que estaba a cinco minutos, que había visto al pasar antes. Les he pedido que si se podían poner detrás con su coche, tocando mi parachoques con el suyo. Así no tendría peligro ninguno. Pero me han dicho que no podían abandonar el lugar que iban a hacer tests de alcoholemia y que no podían correr el peligro de que su vehículo sufriera ningún daño.

Amablemente le he insistido en que ningún daño podía venir de que su parachoques se limitara a tocar el mío. No tenía ni que empujar. Pero el joven agente se ha mostrado pétreo en su voluntad de no ayudar a un coche en apuros en mitad del campo.

Menos mal que un buen hombre que pasaba por allí, sin ni siquiera pedírselo, ha hecho lo que el agente no ha querido. Y lo he sacado sin ningún peligro.


Quiero dejar constancia de que ese agente no me ha ayudado no porque no pudiera, sino porque tenía la cantinela en su mente de que ellos no están para hacer de grua, ni de mecánicos. Pero allí simplemente se trataba de ayudar a alguien. Daba lo mismo si él era bombero o panadero. Era alguien que en mitad del campo le ha pedido una ayuda mínima. Algo que cualquier ser humano hubiera hecho por simple sentido común, diga lo que diga un reglamento que de ningún modo le impedía ayudar a alguien que se lo pedía.

jueves, septiembre 26, 2013

La pena de reclusión eclesiástica (II)

Una de las cuestiones problemáticas que planteaba la casa de la que hablaba ayer, era que un sacerdote acusado de pedofilia, por ejemplo, podría llegar a un acuerdo con la familia del menor, y después de un año negarse a seguir viviendo en esa casa de reclusión.

Por eso, ese tipo de acuerdos deberían especificar que además de la indemnización económica, el acusado se comprometería a estar en esa casa de reclusión los años que determinara el tribunal eclesiástico. Y que de lo contrario, la familia podría llevar el caso ante un tribunal civil. La indemnización habría quedado pagada y no podrían exigirla, pero el acuerdo no incluiría el castigo penal en caso de que no se cumpliera íntegra la reclusión.

Puede parecer que será difícil que una familia aceptase un acuerdo así. Pero las ventajas de un proceso sin publicidad y rapidísimo, no son pocas. Si la familia desea contar con un abogado, no tendría que pagar las cuotas de un largo proceso.

Las familias de las víctimas podrían visitar la casa de reclusión en cualquier momento, sin aviso previo, y comprobar que el condenado vive allí. Podría quedarse los días que desease para ver el tenor de vida austero, penitencial, que se respira bajo ese techo.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta, es que algunos sacerdotes cuando cumplieran la pena de reclusión, se encontrarían en una edad lo suficientemente avanzada, como para pensar que razonablemente ya no encontrarán trabajo ninguno en la sociedad civil. En la situación actual, ni pueden trabajar como sacerdotes, ni pueden encontrar trabajo en la sociedad. Los monasterios no admiten novicios pasada cierta edad. Este tipo de casas especiales, ofrecerían un lugar donde trabajar y orar hasta el fin de los días.

Para todos aquellos sacerdotes cerca de los sesenta años, estas casas se convertirían en lugares de penitencia perpetua. No porque ellos así lo quisieran, sino porque no tendrían otra posibilidad. Sin vivienda propia, sin sueldo, sin ahorros, la cuestión sería dónde ir.

No dejo de pensar que una vida sencilla, el trabajo manual, la oración comunitaria, la participación en cuidadas liturgias, el aislamiento total de las tentaciones y la ayuda y consejo de sacerdotes santos, es el mejor lugar para este tipo de pastores que se desviaron. 

La pena de reclusión eclesiástica (I)

El sacerdocio es una cosa tan sagrada que pienso que aquellos presbíteros que hayan cometido graves delitos que les impidan la labor pastoral, deberían ser recluidos (con su consentimiento) en una casa especial, en mitad del campo, lejos de cualquier población. Una casa que fuese dependiente de la Conferencia Episcopal de cada país y donde pudieran vivir bajo la dirección de sacerdotes santos.

Por supuesto, que la reclusión durante años en esa casa debería hacerse con el consentimiento de los interesados. Por ejemplo, en el caso de la pederastia, estadísticamente hablando, sin duda habría familias que querrían ahorrarse la verguenza de un proceso penal a condición de una pena eclesiástica de este tipo. Si el culpable aceptase renunciar a un proceso civil y la familia estuviese de acuerdo, ésta podría ser una solución buena para ambas partes.

El sacerdote no tendría que abandonar el sacerdocio. Podría vivir el número de años que se determinase por la autoridad eclesiástica, en un entorno de oración y trabajo manual. Por supuesto, muchos culpables no aceptarían algo así. Pero un cierto número, sin duda, conscientes de su segura condena, sí que aceptarían.

Vivir en ese ambiente de oración, penitencia, trabajo manual y acompañados de santos sacerdotes, sería algo muy preferible para ellos que la cárcel y la expulsión. En algunos casos, las faltas podrían ser de tal cariz, que la reclusión tuviera que ser perpetua.

En un país tan grande como Estados Unidos, podría haber una casa así con treinta o cuarenta sacerdotes. Los que rigieran la casa deberían pertenecer a alguna congregación religiosa que quisieran ofrecer el vivir en un lugar así, para salvar no a las ovejas perdidas, sino a los pastores perdidos.
Los sacerdotes podrían cultivar huertos, trabajar en talleres religiosos, dedicar algo de tiempo al estudio. Los tiempos de oración estarían marcados y serían comunitarios, como en un seminario.

Tantos sacerdotes podrían permitir cuidadas liturgias en las horas canónicas, como algo cotidiano. La liturgia sería una de las ocupaciones de esta comunidad tan especial.

Los sacerdotes deberían vestir clergyman en todo momento. Y revestirse con sotana para cada hora canónica.

Si las cosas se hacen bien, incluso sacerdotes enfermos jubilados podrían desear vivir allí. Igualmente si un sacerdote cayera, por ejemplo, en el alcohol podría pasar allí una temporada hasta superar tal cosa.


La casa amplia, con jardines y claustros, podría convertirse en un bonito lugar para retiros de sacerdotes, así como para celebrar reuniones y congresos diocesanos. 

miércoles, septiembre 25, 2013

Un bello día

Hoy he pasado todo el día ejerciendo de capellán de hospital. Del día de hoy me queda el recuerdo de los ojos azules llenos de bondad de una ucraniana de unos 50 años. Lamentablemente, tendrá que pasar por una sesión de radioterapia trasladándose a Madrid. Pero su rostro lleno de religiosidad, de aceptación de la voluntad de Dios, me han impresionado.

Al acabar mi jornada en el hospital, he sentido que tenía que ir a visitar a una enferma a la que había dado la comunión por la mañana. Lo he sentido con mucha insistencia en mi interior. Después he visto que eso venía de Dios, porque al ir me he encontrado con una persona que quería verme para que bendijera a su hija.


Por la noche he tenido una de esas cenas memorables en las que no nos hemos parado de reír ni un solo minuto. Cualquier tontería era razón suficiente para partirnos. Yo sólo he bebido agua de Vichy. 

lunes, septiembre 23, 2013

Otros cristianismos son posibles, y ahora otro papado es posible

Podría parecer que mis posts anteriores acerca de otros cristianismos posibles, son una apología del indiferentismo. Pero son todo lo contrario. Lo que muestran, es que la Iglesia sigue, pero que puede tomar direcciones notablemente distintas.

Siempre debemos obedecer a los pastores. Pero no da lo mismo un pastor que otro.

Los siglos pasados hicieron variada la Iglesia. Y si entendemos lo variada que podrá llegar a ser la Iglesia dentro del recto camino, nos evitaremos muchos enfados que no proceden de otro lado que de nuestra cortedad de miras.

Algunos pueden creer que están defendiendo el Evangelio al aferrarse a formas concretas, transitorias y opinables. En el Cielo comprenderán, sin acritud por parte de su Padre Dios, que en realidad defendían lo divino-dogmático unido a lo humano-opinable. Y que en sus posturas había más de humano-opinable de lo que creían. Pero, como he dicho, Dios será comprensivo. Somos niños.

En este marco de tomar como dogma, sólo lo que es dogma. En este marco de amplitud, flexibilidad y apertura a lo nuevo, no hace falta decir que nada malo veo en las palabras de nuestro Papa. No sólo no veo nada malo. Sino que le animo que prosiga por este camino de expresar su pensamiento de un modo familiar, improvisado, sin papeles. Cuando escucho al Papa Francisco, quiero escuchar a mi padre espiritual. Para escuchar una repetición mecánica de los dogmas, ya tengo el Denzinger.


Prefiero un Papa que en una entrevista dijera algo inadecuado e imprudente, a un Papa que se limita a repetir citas del Magisterio. Defiendo el derecho papal a equivocarse. Quiero un Papa que se arriesgue. 

No quiero un Papa funcionario, un Papa que se limite a recibir en audiencia a las visitas oficiales, a poner los sellos en los papeles de la administración ordinaria. Quiero un Papa que sea renovador, que innove, que arme lío.

domingo, septiembre 22, 2013

Cristianismo monolítico y uniforme frente a un Ser Infinito multiforme

Tendemos a pensar que en el cristianismo las cosas son como son y que no podrían haber sido de otra manera. La fe es una y solo una. Nada se le puede añadir, nada se le puede quitar. El depósito de la fe fue entregado por Dios, y no podemos hacer otra cosa que preservarlo y transmitirlo.

Ahora bien, dentro de la misma fe que nos define como católicos, dentro de la misma comunión con Roma, con el mismo amor hacia la Tradición, la Iglesia podría haber tenido una espiritualidad mucho más parecida a la protestante y su misma estructura haber tomado un cariz de tipo más evangélico. Del igual manera, la entera Iglesia podría haber evolucionado hacia una estética y una espiritualidad como las iglesias del Este ortodoxo.

Esto nos lleva a entender la importancia del proceso de elección de los obispos y papas en la Iglesia. Ya que de unos determinados pastores la barca se encaminará más en una dirección o en otra. Ya ha quedado claro que las direcciones legítimas son infinitas, y muy distintas entre sí.


Todos debemos obedecer a los legítimos pastores. Pero no da lo mismo un pastor que otro. No es indiferente embarcarse en una dirección o en otra.

Sermón en audio

El sermón de hoy y otros días, lo podéis escuchar en este link de abajo. El de hoy ha sido acerca del administrador injusto:


Otros cristianismos hubieran sido posibles: el cristianismo de espiritualidad musulmana


¿Qué hubiera sucedido si una región musulmana de Oriente Medio se hubiera convertido al catolicismo en el siglo X, por ejemplo? Hubo comunidades cristianas, como la maronita, que conservaron el cristianismo. Y toda la península ibérica fue reconquistada. Ahora bien, hagamos un ejercicio de imaginación en la construcción de la ucronía.

Imaginemos una zona que se convierte al cristianismo, pero que queda aislada del resto de la Cristiandad, por una amplia franja musulmana. ¿Podría haberse desarrollado un cristianismo con ribetes de espiritualidad musulmana? Aunque no era nada fácil que esto sucediera, lo cierto es que entra dentro de los caminos que pudo tomar la Historia.

Imaginemos regiones donde los cristianos hubieran seguido orando públicamente en las calles cinco veces al día, postrándose en el suelo a la llamada de muecines católicos. Imaginemos que esa población hubiera mantenido la práctica del ayuno del ramadán. Hubiera podido haber iglesias con una estética parecida a la de las mezquitas, con los fieles postrándose varias veces durante liturgias de la Palabra en las que las suras del Corán hubieran sido substituidas por los salmos.

Podrían, incluso, y esto es lo más extremo en esta ucronía, haber existido regiones en las que esos cristianos, aun no reconociendo ningún carácter de libro revelado al Corán, lo hubieran podido recitar y cantar en todas aquellas partes que simplemente contienen alabanzas al Creador o reflexiones poéticas acerca de su naturaleza.

No digo que esta ucronía hubiera sido fácil. Hay muchas razones historicas, muchas, por las que tal cosa hubiera sido complicada. De hecho el cristianismo de Siria, del Líbano, de Irán, Irak o Egipto fueron formas puras de cristianismo, sin tomar de ninguna manera ribetes como los aquí descritos. Pero a la Historia le gusta hacer combinaciones, y la ucronía mencionada hubiera sido una posibilidad.


Lo mismo que el cristianismo conoció la corriente luterana, cabía el que hubiera existido una incontenible corriente de cristianismo de espiritualidad musulmana dentro del mundo árabe.

viernes, septiembre 20, 2013

Declaraciones del Papa Francisco

He recibido un cierto número de emails en los últimos meses, preguntándome a nivel personal qué pienso de tal o cual declaración del Papa Francisco.
En ciertos de esos emails, percibo una cierta preocupación. Algunos tienen la sensación indefinida de temor a que diga que es blanco lo que es negro. 

Quedaos tranquilos. Tenemos un pastor visible sobre la tierra, y Dios quiere que obedezcamos a nuestro legítimo supremo pastor: el Papa.

En el ajedrez de la fe, las reglas están claras. Y el Papa puede mover las fichas a su antojo. Mientras las mueva según las reglas, tiene toda la libertad del mundo para hacer las jugadas que desee.

¿Y si el Papa realiza un movimiento que no está permitido? Entonces somos nosotros los equivocados al pensar que ese movimiento no estaba permitido.


Al Papa hay que escucharle no para ratificarnos en nuestras posiciones, sino para aprender. En la Iglesia sólo son pastores, aquellos que han recibido tal encargo de lo alto a través de la misma Iglesia. La figura del inquisidor-laico-espontáneo no aparece en las Cartas de San Pablo. 

Eurovegas no, Willy Bonka, sí.


Mi opinión sobre Eurovegas desde el principio ha sido la misma: ojalá que no venga a España. Hay negocios y negocios. Y el negocio del juego es la peor maldición para el lugar donde se instala. Quizá usted no sienta ninguna atracción al juego, pero ha de saber que estadísticamente hay muchas personas que sí. Si Eurovegas se instala, muchas más personas en España se sentirán atraidas a ese vicio.

Detrás de las luces de colores, los espectáculos y los puestos de trabajo, habrá un tributo que pagar en forma de personas por tener ese centro de vicio en Madrid.

La experiencia de las ciudades que han tenido un gran centro de juego internacional, ha sido nefasta. El juego atrae como un imán a infinidad de otros negocios negativos para la salud del alma de los hijos de Dios. Madrid será el epicentro de esas influencias negativas y sus habitantes las sentirán y sufrirán.

Los dueños de los bingos, por ejemplo, saben qué triste negocio es un local de ese tipo. Pero si me dijeran, vamos a instalar la fábrica de chocolate más grande del mundo en Madrid, pues diría: bien. Si me dijeran, vamos a instalar el monasterio benedictino más grande de Europa en Madrid, pues también diría: adelante, abre la muralla.

miércoles, septiembre 18, 2013

Si no me creéis a mí, al menos creed a Nietzsche

Hace tiempo vi una película española de 1962 de la que apenas me acuerdo de nada, se titulaba La Gran Familia. Entre las sombras del olvido, recuerdo que reflejaba los pequeños y grandes problemas de una familia en los años 60 en España. Una familia numerosa, unida, feliz. La película dejaba en las almas una visión optimista de la vida. La visión que la religión, que entonces permeaba todo, dejaba en todas las películas españolas de la época.

Casi cuarenta años después, se hizo una secuela. Evidentemente dejaba la impresión opuesta: la vida es una falsedad, nada tiene sentido, etc. Dejaba una visión pesimista, una visión sin fe, ni religión de la vida.

Alguno dirá: Claro, qué va a decir un cura. Lógico. Pero ayer conocía esta cita de una carta de Nietzsche a su hermana: He ahí cómo se separan las vías de los hombres: si deseas el reposo y la felicidad de tu alma, cree; por el contrario, si quieres ser un discípulo de la verdad, entonces busca.

Es decir, no sólo los curas, hasta Nietzsche reconocía que la felicidad estaba en seguir los caminos de la obediencia al Creador, aunque él no creyera en Él.
En 1962, las familias españolas se sentían reflejadas en esa feliz familia de la película. En 1999, desgraciadamente, las familias se sentían reflejadas en la destrucción de la familia que reflejaba la secuela.


Éramos felices y lo sabíamos. Después, en la época de Los Beatles vinieron vendiéndonos la liberación. ¿La liberación de qué? ¿De la felicidad? Y los resultados de habernos alejados del santo camino de la religión, a la vista están. Conforme pasan los años, cada vez me vuelvo más rancio, más impudicamente tradicional, y cada vez me importa menos lo que diga el coro oficial de energúmenos nacionales.

Post lleno de secretos


Siempre hay miles de personas repartidas por el ancho mundo, que están dispuestas a creer cualquier barbaridad acerca del Vaticano. Pero entre las paranoias más raras, están las de aquellos que creen que el Vaticano tiene secretas conexiones con los extraterrestres.

Hace poco me enteré como alguien decía con toda seriedad que el Vaticano tenía incluso un observatorio astronómico en Alaska. Otra cosa que es un tema favorito para algunos, es el de la CIA y el Vaticano. Alguno debe estarse preguntando si la Santa Sede también tendrá submarinos.

Lo que nunca he oído, por lo menos de momento no, es que alguien nos culpabilice de tener secretos contactos con los vampiros o los hombres-lobo. Pero seguro que algún otaku nos acusará de algo más raro. Imaginad algo más raro, combinadlo con Corea del Norte y el Centro de la tierra, meted al Vaticano de por medio, y seguro que alguien lo cree en algún rincón del mundo.

martes, septiembre 17, 2013

Como cada mes, reunión de curas


Mañana tenemos reunión diocesana de sacerdotes. Siempre me causa gran alegría el que nos reunamos todos. Vernos las caras, saludarnos, charlar, comer juntos. Allí estamos en un solo lugar los pastores de todos los alrededores. Las personas que dan el alimento espiritual a cientos de miles de almas.

Tantas formas de ser, distintos caracteres, diversas formas de vestir. Todas las espiritualidades, los ancianos y los no tanto, párrocos, capellanes, coadjutores, todos en armonía. En nuestra diócesis, como en la mayoría de diócesis, reinan las mejores relaciones entre los sacerdotes.


A ver que nos dan mañana de comer las consagradas de Ekumene. Algo me dice que va a ser pollo, para no romper la vieja tradición.

sábado, septiembre 14, 2013

Hoy todo es poesía, hasta el dibujo chino


Hoy tengo bautizos en un pueblo a las 5:00 de la tarde y la misa es a las 9:00, cuatro horas después. Va a ser una espera larga, pero qué se le va a hacer.

Ayer sufrí mucho toda la mañana, porque a una de mis mejores amigas le hacían una biopsia. Le quiero tanto a esta amiga, que fue como si me hicieran la biopsia a mí. No exagero si digo que sentí toda la mañana, como si la aguja atravesara mi costado.

Me imagino que eso es la amistad y el cariño: Cuando te alegras del bien del otro, lo mismo que si fuera tu propio bien. Cuando sufres el dolor ajeno, como si fuera exactamente tu propio dolor.

Qué gran cosa es la amistad. El descubrimiento del otro con sus ilusiones, con sus aficiones, con su propio mundo. Y, en la amistad, ese otro mundo (que es el otro), pasa a ser parte de tu mundo (que es tu yo). El otro y el yo pasamos a tener tantas raíces que se entremezclan.


Lo cierto es que mientras estuvo en el hospital le llamaba cada día, pero tenía que hacer verdaderos esfuerzos para no llamarle, al menos, cuatro veces al día.

Servus Theologiae



Hoy, como tantos días, las horas dedicadas a mi tesis. Sea dicho de paso, cuanto más trabajo en ella, menos me gusta. Más a disgusto me siento con mi trabajo.

Pero, eso sí, qué gran cosa es la Teología, la Ciencia de Dios. Lo que uno escriba influirá en los esquemas mentales de otros espíritus.

Siempre he tenido una visión catedralicia de la verdad teológica. La teología como una construcción de pilares, nervaturas pétreas, cimientos subterráneos y, después, una elevación que llega a los cielos, que es besada por las nubes, unas torres en las que habitan los pájaros.

En Teología, creo que lo mejor de mi obra está por venir. Y vendrá después de mi tesis. Cuando pueda erigir con libertad soberana. Y estoy firmemente decidido a erigir libros muy cortos, muy breves. Condensar, condensar.

De momento, de todos mis escritos teológicos, me quedo con mi Historia del Mundo Angélico.


En los, más o menos, treinta y cinco años de vida que me pueden quedar, ya no puedo perder tiempo en obras que sean distracciones. Claro que, tal vez, todo se quede en un sueño. Un sueño que da sentido a mi vida.

jueves, septiembre 12, 2013

Un día magnífico


Hoy en este post todo son buenas noticias. Al salir de la Capilla de las Santas Formas que está justo delante de mi panadería favorita, he resistido la tentación de comprar tres muffins rellenos de yogurt. Resultado, 900 calorías menos.

En otro momento del día, he leído de nuevo (quizá por quinta vez en mi vida) Las Ruinas Circulares de Borges. Qué clase, qué grandeza. ¿Se puede pedir más a la literatura?

Por la noche han puesto Casino de Scorssese. Esta película, desde un punto de vista cinematográfico, es muy superior a la trilogía de El Padrino. La fama, los fans, los tiene la trilogía, pero Casino es muy superior. Sin duda, una de las cuarenta mejores películas de la Historia del Cine.


Espiritualmente también ha sido un gran día. Pero, claro, no estoy aquí para elogiarme. O, por lo menos, todos los días no.

miércoles, septiembre 11, 2013

Una historia transmitida por los cartujos

Hoy he estado buscando para mi tesis, la versión más fiable de una piadosa tradición que los cartujos retuvieron desde los lejanos días de su fundación. La voy a transcribir aquí sin entrar en debates de cuál puede ser la realidad histórica que hay detrás.

Los primitivos cartujos hacían partir la vocación de San Bruno al estado religioso del siguiente suceso: Celebrábanse en la Universidad de París los funerales de un famoso doctor llamado Raimundo, muy estimado por su saber y apreciado por su gran fama de virtud y santidad.

Al llegar a cantarse la cuarta lección del oficio de difuntos, de labios del cadáver, allí presente, salió esta terrible confesión: Por justo juicio de Dios he sido acusado.

Espantados los circunstantes, resolvieron aplazar la fúnebre ceremonia para el siguiente día. Al llegar, en el oficio, al mismo pasaje volvió a gritar el cadáver con voz más terrible: Por justo juicio de Dios he sido juzgado.

Suspendido el acto y celebrado de nuevo por tercera vez, la muchedumbre, cada día más numerosa, quedó horrorizada al oír de boca del difunto la tremenda sentencia de su eterna condenación: Por justo juicio de Dios he sido condenado.

Tal impresión causó en Bruno este hecho que le decidió a abandonar el mundo. 


Hasta aquí el relato que nos ha llegado. A estas alturas de la Historia es ya imposible saber qué ocurrió en realidad. Pero imaginar que en un velatorio sucediese eso, es impresionante. Me pongo en un punto de vista Borgesiano. Borges, aunque agnóstico, entendería lo que sería presenciar una escena así. Ésta es una de esas historias impresionantes, como la de ayer. Si una escena tal hubiera tenido lugar, cosa que dudo, hubiera marcado un antes y un después en todos los presentes para todas sus vidas, hasta el último día.

martes, septiembre 10, 2013

Una plaza con miles de personas y un hecho impresionante



















Hoy he leído en un libro del admirado Padre Royo Marín OP, esta anécdota que para no copiarla, la he tomado de catholic.net:


Se cuenta de San Vicente Pallotti que un día el santo sacerdote acompañaba al suplicio a un asesino del peor género, que rehusaba obstinadamente arrepentirse, se mofaba de Dios y blasfemaba hasta en el cadalso. El P. Palotti había agotado ya todos lo medios de conversión: estaba en el tablado al lado de aquel miserable; bañado de lágrimas el rostro, se había echado a sus pies, suplicándole que aceptase el perdón de sus crímenes, mostrándole el anchuroso abismo en que iba a caer. A todo esto, el criminal había respondido con un insulto y una blasfemia, y su cabeza acababa de caer al golpe de la fatal cuchilla. En la exaltación de su fe, de su dolor e indignación, y también para que aquel horrible escándalo se trocase para la muchedumbre de los asistentes en saludable lección, el piadoso eclesiástico se levanta, toma por los cabellos la ensangrentada cabeza del ajusticiado y presentándola a la multitud: ¡Mirad!, exclamó con voz atronadora; ¡mirad bien!; ¡he aquí la cara de un condenado! 


Hasta aquí el texto tomado de Catholic.net. Os cuento la anecdota por lo impresionante que es, no porque yo crea que ese condenado esté en el infierno. Nadie lo sabe. Pero el episodio debió dejar literalmente con un nudo en la garganta a las miles de personas allí congregadas. Sólo imaginar la escena resulta estremecedor.

lunes, septiembre 09, 2013

La foto es de delante de la iglesia de Santa Engracia en Zaragoza


El post está escrito en presente, pero lo escribí el viernes. Pero con lo de las olimpiadas y tal, me he retrasado unos días en ponerlo aquí.

En mi camino de Zaragoza a Madrid, he parado para visitar una localidad al lado de la autovía, Medina del Campo. He aparcado delante de la iglesia del pueblo, y me encuentro con dos matrimonios que volvían desde la puerta cerrada. Era sábado por la mañana y, como era de esperar, la iglesia estaba cerrada al no haber ninguna ceremonia a esas horas, las 13:30.


Yo iba vestido con un chandal gris y he oído perfectamente al pasar a mi lado, como una de las cuatro personas insultaba con odio al párroco. No he reaccionado con rapidez. Pero ahora, desde luego, me hubiera acercado a él y le hubiera dicho con toda la calma del mundo: Usted insulta a ese sacerdote, y porque se supone que él tiene la obligación de estar aquí todo el día encerrado en la iglesia, para que alguien como usted pueda visitarla gratis cuando le venga en gana. ¡Vamos, hombre! Ay que ver qué cosas tienen los anticlericales.

¿Añadimos otra guerra a la lista de la Historia de la Humanidad?

En teoría, no hay una, sino muchas razones para comenzar una guerra internacional humanitaria bajo la bandera de Naciones Unidas frente al dictatorial y opresivo régimen sirio. El problema es que la alternativa no es ese dictador o la democracia, sino ese mal u otro mal. Después de Afganistán, Irak, Libia y Egipto, se supone que ya habíamos aprendido la lección. Pero parece que no.

¿Para qué comenzar una guerra, si no está claro si eso va a traer algún beneficio a los derechos humanos, a la libertad, al pueblo sirio? Más bien, parece claro que no, que otro país caería en manos de los extremismos más radicales.

Así que la postura del Papa Francisco me parece la más adecuada a la razón. ¿Para qué someter a una nación como la siria a unos sufrimientos espantosos, si no está claro si ese sufrimiento va a servir para algo? Y eso sin contar, con que esa guerra puede comenzar a desencadenar una sucesión de causas y efectos en toda esa zona del Medio Oriente que no sabemos donde van a acabar?


¿Pero qué se le ha perdido a Obama allí? ¿Es que va a declarar la guerra a cada nación que esté bajo un dictador? ¿Es tan iluso el presidente norteamericano para pensar que va a lanzar unas bombas y ya está? 

Pero Obama se lanza a la aventura de la guerra, de la destrucción, de la sangre, creyendo que sabe lo que está haciendo.